Coronavirus: Una cadena de barreras que se ponen a prueba

Coronavirus: Una cadena de barreras que se ponen a prueba

Fuente: Reuters - Crédito: Max Rossi Y un día, el nuevo coronavirus llegó a la Argentina . Lo hizo desde Italia por avión, en primera clase, y cuando

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Fuente: Reuters – Crédito: Max Rossi

Y un día, el

nuevo coronavirus

llegó a la

Argentina

. Lo hizo desde Italia por avión, en primera clase, y cuando aún hace calor. No fue la declaración jurada que su huésped,

un hombre de 43 años

, había entregado al bajar del vuelo en

Ezeiza

lo que sirvió para detectarlo. Quizá porque recién la infección empezaba a manifestar sus síntomas. La preparación para no subestimar la consulta por síntomas tan inespecíficos compensó la debilidad de aquella primera barrera.

Definir a qué paciente estudiar entre dos que consultan con síntomas similares, como los de la gripe y la enfermedad por el nuevo coronavirus, será tal vez uno de los mayores desafíos, cuando llegue el frío, para que los equipos de salud puedan detectar nuevos casos y contener la transmisión.

El virus arribó a la ciudad de Buenos Aires el domingo y luego de que

el paciente

consultara en una guardia médica, se activó el protocolo porteño para el manejo de casos sospechosos de

Covid-19

.

Pero recién ayer, tras la confirmación oficial en el Ministerio de Salud de la Nación, las autoridades sanitarias se comunicaron con Alitalia para identificar a los pasajeros que habían compartido la cabina, enviar sus datos a los ministerios de Salud de las jurisdicciones donde viven y poder tomarles muestras e indicarles el aislamiento.

El hombre había volado desde Milán más de 10 horas con tos, pero recién por la tarde, después de descansar en su casa, empezó con fiebre y decidió ir a la clínica Suizo Argentina. Era domingo, alrededor de las 17, y la guardia estaba vacía. Le explicó a un médico el motivo de la consulta, sin olvidar mencionar que había pasado los últimos 14 días en varias ciudades de Europa. Así se lo pudo aislar. En menos de 24 horas, el equipo a cargo de Elsa Baumeister, de la Administración Nacional de Laboratorios e Institutos de Salud Dr. Carlos Malbrán, confirmó la infección y dio la voz de alerta.

El nuevo coronavirus no pudo llegar en un mejor momento. Aún no comenzó la temporada de gripe y otros virus respiratorios del invierno, lo que mantiene más liberadas las guardias. En invierno, como estuvo ocurriendo en las guardias de los Estados Unidos, el desafío de diferenciar entre pacientes con síntomas similares de enfermedades diferentes -y de distinta gravedad potencial- se multiplicó por decenas de casos por hora, a la par de una temporada de influenza especialmente fuerte para el hemisferio norte.

Ayer, en el Ministerio de Salud de la Nación ya no se hablaba de que el nuevo coronavirus no llegaría con el calor ni que aún era un problema lejano para el país. En la actualidad, en un día, un patógeno puede cruzar continentes.

Tampoco se descartaba ya la aparición de nuevos casos de Covid-19 en el país en los próximos días o semanas, cuando todavía se espera que avance el brote de dengue -que ya tuvo tres muertes por la forma grave de la infección- y lleva más de seis meses el brote de sarampión que podría hacerle perder al país el estatus de libre de circulación endémica del virus, que también se transmite por vía respiratoria o contacto con superficies contaminadas.

Hace dos semanas, una mujer que había viajado a Paraguay, donde hay una epidemia de dengue, consultó por síntomas compatibles con la enfermedad en una clínica privada de Temperley, en la provincia de Buenos Aires. Le diagnosticaron erróneamente faringitis, le indicaron un antibiótico, ibuprofeno y la enviaron a casa. Murió a los cinco días por dengue grave, con sangrado de las mucosas, en un hospital porteño y tras consultar en dos hospitales bonaerenses. ¿Qué pasaría si algo así hubiese sucedido con el paciente que consultó el domingo pasado tras regresar de Europa?

“En este caso, la información existente y una persona responsable se conjugaron bien”, opinó Fernando Polack, director científico de la Fundación Infant. La entidad investigó y describió el impacto de la gripe A H1N1 en 1,3 millones de chicos argentinos, con información esencial para diseñar las campañas de vacunación antigripal tras la pandemia de 2009.

“Es probable que, como en todos los países del mundo, la Argentina tenga más de un paciente con Covid-19 -agregó Polack-. Es un virus nuevo e iremos aprendiendo de otras regiones del mundo que ya tienen más infectados y, por lo tanto, más experiencia. Por ahora, mientras la situación no cambie, el país tiene otros desafíos que naturalizamos. Es muy bueno y necesario estar hoy alertas, pero si con la misma intensidad la sociedad pensara en los 500 menores de un año que mueren anualmente por bronquiolitis, la tragedia de casi un femicidio diario, o los miles de nuevos casos de tuberculosis por año en el país, hace mucho que probablemente estaríamos mejor. Nos queda esperar que este problema nuevo se mantenga limitado.”

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