¿La Argentina y Estados Unidos, otra vez rumbo al choque diplomático?

¿La Argentina y Estados Unidos, otra vez rumbo al choque diplomático?

22 de agosto de 2019  • 00:54 ¿Argentina y Estados Unidos están otra vez en rumbo de colisión diplomática? Eso parece, tras el impresionante desempeño

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¿Argentina y Estados Unidos están otra vez en rumbo de colisión diplomática? Eso parece, tras el impresionante desempeño de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner en las primarias del 11 de agosto.

Desde la década de 1940 con Juan Domingo Perón, los peronistas han tenido una relación escabrosa con Estados Unidos, al que consideran un competidor geopolítico y un abusón imperialista, con la notable excepción del expresidente Carlos Menem y sus “relaciones carnales” en la década de 1990.

Las relaciones empeoraron bajo el mandato de Cristina Kirchner, quien a fines de su segunda presidencia se ocupó de fogonear cínicamente los sentimientos antinorteamericanos para consolidar a sus bases.

Pero Cristina Kirchner también tuvo enfrentamientos genuinos. Estados Unidos cuestionó su acercamiento a Irán y en las cumbres del G20 se irritaba por su proteccionismo económico. Por su parte, Fernández de Kirchner fustigó incansablemente a la Casa Blanca por los fallos de los tribunales federales norteamericanos en contra de la Argentina en su litigio con los fondos buitres. También buscó reducir la influencia de Estados Unidos en la región, priorizando a la Unasur, por ejemplo, por encima de la Organización de Estados Americanos, que incluye a Estados Unidos.

El cambio tras la elección de Mauricio Macri en 2015 fue tan drástico como vertiginoso.

En su histórico viaje de 2016 a Buenos Aires, el entonces presidente Barack Obama encontró un socio entusiasta en la Casa Rosada. Los titulares mostraron a Obama bailando tango, pero la visita también dejó promesas de cooperación bilateral en una impresionante gama de temas, desde el cambio climático hasta el reasentamiento de refugiados. “Estados Unidos está listo para acompañar a la Argentina en esta transición histórica del modo en que pueda”, dijo entonces Obama.

Con la llegada del presidente Donald Trump, la política exterior norteamericana dio un giro de 180 grados, pero las relaciones con la Argentina no cambiaron. Mauricio Macri fue el segundo líder latinoamericano en visitar a Trump en la Casa Blanca después de su asunción. Durante los últimos cuatro años, dos presidentes, un vicepresidente, y tres secretarios de Estado norteamericanos han estado de visita en Buenos Aires.

En este tiempo, la Argentina se convirtió acaso en el principal aliado de Estados Unidos en la región.

Así que no sorprende que los funcionarios norteamericanos miren con resquemor un potencial regreso de Fernández de Kirchner al poder.

¿Pero están condenadas esas nuevas relaciones entre Estados Unidos y la Argentina si Macri abandona el poder? Después de todo, Fernández de Kirchner no será presidenta y Alberto Fernández es mucho menos combativo. Varios exdiplomáticos norteamericanos lo recuerdan como un pragmatista muy equilibrado que prefiere el diálogo tras bambalinas que la teatralidad política.

El clima internacional tal vez también ayuda a aplacar los instintos más agresivos de un futuro gobierno peronista. Desde que dejó el poder, Fernández de Kirchner ha sido testigo de la pérdida de poder de sus aliados de izquierda en Brasil, Ecuador y Chile, y el apoyo de Caracas es el de un gobierno en ruinas. El colombiano Iván Duque apoya a Macri, y el ministro de economía de Jair Bolsonaro ya advirtió que Brasil abandonaría el Mercosur si el populismo vuelve a gobernar en la Argentina.

A eso se suma que el próximo gobierno argentino necesitará ayuda urgente del FMI para evitar el default, y para eso hará falta la bendición de la Casa Blanca. En otras palabras, no es momento de volar los puentes.

Consciente de la desconfianza internacional ante su candidatura, al parecer Fernández estaría considerando nombrar ministro de Relaciones Exteriores a Jorge Argüello, un hombre moderado que ya fue embajador argentino en Estados Unidos.

Es más: si un líder peronista quisiera recomponer la confianza con Estados Unidos, podría sorprenderse al encontrar inesperados puntos de acuerdo con un gobierno con el mismo corte nacionalista como el de Trump.

“Clarín miente”, uno de los lemas de Cristina Kirchner, podría sonar como música para los oídos de Donald Trump, quien libra su propia batalla contra los medios de comunicación norteamericanos. También podrían compartir su mutua hostilidad hacia el libre comercio: en los últimos meses, Fernández de Kirchner elogió a los funcionarios de Trump que “se dieron cuenta de que tenían que volver a generar trabajo industrial adentro del país para volver a generar riqueza”.

(Hasta Perón tenía debilidad por el New Deal de Franklin D. Roosevelt. En un discurso de 1946 en el que fustigó al entonces embajador norteamericano Spruille Braden por inmiscuirse en las elecciones argentinas, Perón hizo una pausa para elogiar la política económica de Roosevelt durante la Gran Depresión. “La economía ha dejado de ser un fin en sí mismo para convertirse en un medio de solucionar los problemas sociales”, dijo Perón.)

De todos modos, si el peronismo regresa a la Casa Rosada, y aunque no se parezca en nada al kirchnerismo, las relaciones con Estados Unidos serán más distantes.

Al fin y al cabo, Alberto Fernández fue jefe de Gabinete durante toda la presidencia de Néstor Kirchner, una época que no fue precisamente de oro para las relaciones argentino-norteamericanas. Aunque en su discurso de asunción había prometido “una relación seria, amplia y madura” con Washington, el vínculo supo ser turbulento. Néstor Kirchner no sólo fue anfitrión de la Cumbre de las Américas de 2005 en Mar del Plata, sino que también alentó la contracumbre de Hugo Chávez, donde criticó la visita del presidente norteamericano George W. Bush y culpó a Estados Unidos de generar “miseria y pobreza” y de provocar “la caída de gobiernos democráticamente elegidos”.

A lo largo de su campaña presidencial, Alberto Fernández ha manifestado menos admiración por el chavismo que Néstor o Cristina Kirchner, quien en 2013 distinguió a Nicolás Maduro con la Orden del Libertador San Martín, máximo reconocimiento civil que entrega la Argentina. Pero seguramente Alberto Fernández tomará una posición mucho menos agresiva que la de Macri, quien reconoció a Juan Guaidó como presidente de Venezuela y lideró los esfuerzos del Grupo Lima para que Maduro sea llevado ante la Corte Penal Internacional por abusos contra los derechos humanos. Alberto Fernández ha acusado a Macri de usar a Venezuela para congraciarse con Trump, y se manifestó en contra del envío de marines norteamericanos a Caracas.

Si la Argentina adopta una postura más conciliadora con Maduro -tal vez empujándolo a negociar con la oposición, como promueven México y Uruguay-, Trump podría verlo como un revés para su máxima prioridad en América Latina.

Con eso alcanzaría para agriar las relaciones entre ambos mandatarios. Pero no faltarán tampoco otros motivos.

La Casa Blanca, por ejemplo, perdonó a Macri por profundizar los lazos económicos con China, pero sería menos tolerante si con un gobierno peronista los que se afianzan son los vínculos políticos entre Buenos Aires y Pekín.

Además, está la opinión pública argentina, siempre reacia a Estados Unidos, al que muchos siguen culpando por no haber rescatado a la Argentina de su colapso económico de 2001. La última encuesta de Latinobarómetro revela que apenas un 45 por ciento de los argentinos tienen una opinión positiva de Estados Unidos: el nivel más bajo en toda América Latina, después de México.

Y esa opinión es particularmente fuerte entre los opositores a Macri. La encuesta ArgentinaPulse, realizada por el Centro Wilson y Poliarquía, reveló que sólo el 34 por ciento de los votantes opositores a Macri opinan favorablemente de Donald Trump. Y Alberto Fernández, al parecer, no es uno de ellos.

En 2016, Fernández lamentó que los norteamericanos hayan elegido “volver a la peor política reaccionaria”, y más tarde dijo que Trump era “un mal socio” para los países aliados de Estados Unidos. Durante la campaña, Fernández manifestó su plena oposición a Trump y dijo: “la gente sabrá quién es el candidato de Trump y del Fondo Monetario Internacional, y quién es el candidato de la gente”.

Traducción de Jaime Arrambide

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